SUCESIONES: ¿Qué pasa si no hago la sucesión? (riesgos reales y costos ocultos)
Es una duda muy común, sobre todo cuando “no hay apuro” o cuando la familia está sensible: “¿Qué pasa si no hago la sucesión?”. Y la respuesta práctica es que, al principio, puede parecer que no pasa nada… pero con el tiempo se acumulan bloqueos, conflictos y costos que terminan saliendo mucho más caros que encarar el trámite a tiempo.
No hacer la sucesión no “elimina” los bienes ni las obligaciones: solo deja el patrimonio en una especie de limbo jurídico donde nadie puede disponer bien, y donde cualquier evento (venta, deudas, fallecimientos, herederos nuevos) complica todo.
Esta guía te explica los riesgos reales, sin prometer escenarios ideales: cada caso depende de bienes, herederos y urgencias.
Lo esencial en 60 segundos
- Si no hacés la sucesión, los bienes siguen a nombre del fallecido y se vuelve difícil o imposible vender, transferir, cobrar o regularizar.
- Con el tiempo, suelen aparecer problemas: ocupación, deudas, embargos, deterioro del inmueble y conflictos familiares.
- Si fallece un heredero antes de hacer la sucesión, se genera “sucesión dentro de sucesión”, y todo se encarece.
- Hacerla a tiempo te permite ordenar, prevenir peleas y decidir (vender, adjudicar, alquilar) con reglas claras.
1) Bloqueo de los bienes: el efecto más inmediato
Inmuebles
- No podés vender ni escriturar con seguridad jurídica.
- Se complica alquilar formalmente, hacer mejoras grandes o regularizar planos/títulos.
- Ante cualquier necesidad (mudanza, urgencia económica), el inmueble queda “parado”.
Automotores
- No podés transferir, vender ni asegurar adecuadamente en ciertos casos.
- Se acumulan deudas de patentes y riesgos.
Cuentas bancarias e inversiones
- Los bancos suelen bloquear o restringir movimientos.
- Cobros (plazos fijos, fondos, inversiones) quedan en pausa hasta acreditar herederos.
2) Se acumulan deudas y gastos (y nadie los administra bien)
Cuando no hay sucesión:
- expensas, ABL/ARBA/municipales siguen corriendo,
- servicios pueden acumular deuda,
- hay deterioro del inmueble por falta de mantenimiento,
- y la gestión suele quedar “de hecho” en una sola persona, lo que genera conflicto.
Costo oculto típico: el inmueble se degrada, el consorcio intima, aparecen intereses y después hay que pagar todo junto.
3) Se consolida la ocupación: “uno se queda” y después es un problema
En muchas familias, si no se hace sucesión:
- un heredero ocupa el inmueble,
- el resto queda excluido,
- y con el tiempo se instala un status quo difícil de revertir.
Esto suele derivar en:
- discusiones por gastos,
- bloqueo de venta,
- y reclamos de canon locativo (compensación por uso exclusivo) cuando corresponde.
4) Si pasa el tiempo, el problema se multiplica: “sucesión dentro de sucesión”
Este es el gran punto que la gente subestima:
- si fallece un heredero antes de iniciar o terminar la sucesión,
- se abre otra sucesión (la del heredero),
- y el expediente se vuelve más largo, más caro y más complejo.
Lo mismo si:
- hay herederos en el exterior,
- o aparecen nuevos vínculos,
- o cambia la composición familiar (divorcios, nuevos hijos, etc.).
5) Riesgo de conflictos familiares (y pérdida de control)
Cuando no hay reglas judiciales ni acuerdos formales:
- se discute quién decide,
- quién administra,
- quién paga,
- quién vive,
- y qué se hace con el patrimonio.
Y esas discusiones suelen escalar cuando:
- alguien necesita plata,
- alguien quiere vender,
- o aparece una deuda importante.
6) Problemas registrales y “papeles viejos” que después cuestan el doble
Con el paso del tiempo, es más común que aparezcan:
- escrituras perdidas,
- planos desactualizados,
- falta de estado parcelario (PBA) si corresponde,
- gravámenes o inhibiciones,
- y documentación difícil de conseguir.
Resultado: lo que era un trámite relativamente ordenado se vuelve una reconstrucción patrimonial.
7) ¿Hay algún caso donde “se puede esperar”?
A veces, sí: si no hay bienes registrables, o si hay un acuerdo familiar sólido y no hay urgencias. Pero incluso ahí, suele ser recomendable ordenar porque la vida cambia (y el patrimonio queda atado a un nombre que ya no existe).
La pregunta útil no es “¿puedo no hacerla?”, sino:
- ¿qué riesgo estoy asumiendo?,
- ¿qué evento podría complicarlo?,
- y ¿me conviene dejarlo a futuro?
Checklist: señales de que conviene iniciar cuanto antes
- Hay inmuebles o automotores a nombre del fallecido.
- Hay cuentas bancarias/inversiones bloqueadas.
- Hay expensas/impuestos acumulándose.
- Un heredero ocupa el inmueble y no hay acuerdo.
- Se necesita vender o alquilar.
- Hay herederos mayores, en el exterior, o familia compleja.
- Hay deudas o amenazas de embargo.
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