DIVORCIO: ¿Qué pasa con la casa familiar durante el divorcio? (uso, atribución y gastos)
La “casa” suele ser el corazón del conflicto en una separación. No solo por el valor económico, sino porque ahí se cruzan hijos, rutina, emociones y plata. Por eso esta pregunta aparece siempre: “¿Quién se queda en la casa? ¿Por cuánto tiempo? ¿Y quién paga los gastos?”
La realidad es que no hay una respuesta única. Depende de si hay hijos, de quién vive hoy, de si el inmueble es propio o ganancial, si está alquilado, y de la capacidad económica de cada parte. Lo importante es entender que una cosa es la propiedad y otra distinta es el uso durante el proceso.
Esta guía te da herramientas para comprender escenarios típicos y prevenir errores, sin prometer resultados: cada caso requiere evaluación del equipo profesional.
Lo esencial en 60 segundos
- Durante el divorcio puede definirse quién usa la vivienda familiar (atribución de uso), aunque la propiedad sea de ambos o de uno solo.
- Si hay hijos, suele priorizarse la estabilidad (escuela, rutina, centro de vida).
- Los gastos (expensas, impuestos, servicios) deben ordenarse: uso sin reglas = conflicto.
- La casa puede ser propia, ganancial o alquilada: cada escenario cambia la estrategia.
1) Primero, separar conceptos: propiedad vs. uso
- Propiedad: a nombre de quién está la casa y si es bien propio o ganancial.
- Uso: quién puede vivir ahí mientras se organiza la vida post separación.
Muchos conflictos nacen porque alguien dice “es mía” y el otro responde “pero vivimos acá con los chicos”. Ambos pueden tener parte de razón en planos distintos.
2) Escenarios típicos según el tipo de vivienda
A) Casa propia de uno solo
Aunque esté a nombre de uno, si fue vivienda familiar y hay hijos, puede discutirse el uso por un tiempo, según circunstancias. No es automático ni eterno: se analiza caso a caso.
B) Casa ganancial (comprada durante el matrimonio)
Es el caso más común. La discusión suele ser doble:
- quién la usa ahora,
- qué se hace después (venta, adjudicación, compensación, etc.).
C) Casa en condominio o comprada “mitad y mitad”
Similar a la ganancial en la práctica: hay copropiedad y se debe ordenar uso, gastos y salida.
D) Vivienda alquilada
Aparecen preguntas concretas:
- ¿quién sigue como locatario?
- ¿se rescinde?
- ¿cómo se reparten depósitos, garantías y alquiler?
3) Atribución de uso: quién se queda viviendo y por cuánto tiempo
En divorcios, se busca ordenar la ocupación para evitar que uno quede:
- sin lugar donde vivir,
- o sosteniendo gastos sin poder usar la vivienda.
Factores que suelen pesar:
- si hay hijos y su centro de vida,
- quién tiene el cuidado cotidiano,
- posibilidades económicas reales de reubicación,
- situación de violencia o conflictividad,
- y acuerdos previos (si los hay).
Punto clave: la atribución de uso no significa “te quedás con la casa”. Significa “se regula quién vive ahí por un período y con qué reglas”.
4) Gastos: el problema que explota si no se define
La pregunta clásica:
“Si mi ex vive en la casa, ¿por qué tengo que pagar?”
Acá conviene distinguir:
A) Gastos de uso (consumos)
- luz, gas, internet, etc.
Normalmente se asocian a quien ocupa (según el caso).
B) Gastos del inmueble (estructura)
- expensas, ABL/ARBA, seguro, mantenimiento estructural.
Suelen requerir reglas claras: se pueden repartir, compensar o asignar según uso y capacidad económica.
C) Hipoteca o crédito
Si hay préstamo, hay que definir:
- quién paga,
- cómo se compensa,
- y cómo se registra para evitar reclamos futuros.
Regla de oro: si no queda por escrito, después se discute todo.
5) “Mi ex se quedó en la casa y no se quiere ir”
Este es el escenario más conflictivo. Si no hay acuerdo, lo primero es encuadrar:
- si hay hijos y su centro de vida,
- si hay necesidad real,
- qué gastos está pagando el ocupante,
- y cuál es el plan de salida (venta, adjudicación, alquiler, mudanza).
En muchos casos, la solución más eficiente es un acuerdo con:
- plazo de uso,
- obligaciones de pago,
- y una ruta clara hacia la salida patrimonial.
6) Errores comunes que te salen carísimo
- Irte de la casa “para evitar conflicto” sin dejar reglas ni constancias.
- Seguir pagando todo sin documentar (después no lo recuperás).
- Bloquear la venta por orgullo (mientras el inmueble se deteriora y se acumulan deudas).
- Firmar acuerdos vagos (“después vemos”) sin plazos.
- No separar lo emocional de lo patrimonial: la casa se vuelve rehén del conflicto.
Checklist para la reunión (para definir estrategia realista)
- ¿Hay hijos? ¿dónde está su centro de vida (escuela, rutina)?
- ¿La casa es propia, ganancial, condominio o alquiler?
- ¿Quién ocupa hoy y desde cuándo?
- ¿Quién paga expensas, impuestos, servicios, hipoteca?
- ¿Hay urgencias (mudanza, violencia, falta de recursos)?
- Objetivo: uso temporal, venta, adjudicación, compensación.
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